4 de junio de 1974

Primero que todo soy Católico Romano, hijo de Católicos Romanos, nieto por parte de madre de Católicos Romanos. Mi abuela paterna era Católica Romana y mi abuelo paterno era hijo de Cristianos Evangélicos.

Mi madre es Católica devota, como lo fueron mis abuelos maternos. Mi padre es un Católico devoto, respetuoso de la fe, pero no tan devoto como lo es mi madre.

Crecí en una familia de cuatro hermanos, siendo yo el mayor, educado como Católico, bajo las costumbres y creencias Católicas.

Mi madre, Cecilia, con sus tres hijos para ese momento
(mi hermana vino tiempo después)

Creo en Dios, en Jesús de Nazaret y en la Virgen María, como cualquier Católico.

Debo afirmar que producto de una crisis de fe, mi visión acerca de la larga lista de Santos a los que se adora en la religión que predico fue puesto en duda por mi persona. Incluso la forma como se muestra devoción por la Virgen María me era extraña. Ya esa crisis fue superada ciertamente, y mi fe en la Sagrada Virgen María ha vuelto. Sin embargo, esa duda nunca tocó a aquel a quien tanto debo.

Y debo decir, que como Cristiano Católico Romano, yo no soy devoto y no voy a misa. Soy respetuoso de la Fe de mis Padres, en la que fui educado, pero he tenido mis dudas y muchas veces las he expresado abiertamente.

Quizás sea mejor entender que como humano no soy perfecto.

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4 de Junio de 1974 

Tenía yo cinco años y vivía con mi familia en la ciudad de Caracas, Venezuela. Mi padre trabajaba en Sears Roebuck de Venezuela y mi madre era Ama de Casa, como millones de mujeres venezolanas.

Era, según recuerdan mis padres, un 4 de junio de 1974, y lo que voy a relatar está basado en lo que ellos sufrieron y mi vivencia.

En el transcurso de un día normal empecé a convulsionar y se me paralizó medio cuerpo. Como es lógico me llevaron al médico, a una Clínica en Caurimare -Caracas- llamada Clínica de Urgencias de Niños, en la cual estuve un día. Al auscultarme, los médicos informaron que era un Estreptococo alojado en el cerebro. 

Al día siguiente me trasladaron al Hospital Militar de Caracas, mediante la intermediación del Doctor Luis Palacios, Médico Asimilado de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Una persona muy cercana a mi familia, muy querida por mis padres y a quien traté como Tío.

En el Hospital Militar estuve veinticinco días hospitalizado. Se me hicieron como es habitual en estos casos muchos exámenes, entre los cuales estuvieron un Cintilograma, un Gammagrama, una operación de Ventriculografía y luego de tantos exámenes y algunas Radiografías, se determinó que tenia un Tumor Inoperable en la Base del Hipotálamo. El tumor tenía un tamaño aproximado al de una moneda de 2 Bolívares de la época. Mis padres vieron la radiografía.

Las expectativas según lo médicos que me atendieron eran muerte o invalidez (nada alentadoras). Según los galenos que me atendieron, lo que se podía hacer era ponerme una válvula para poder drenar la presión que el Tumor estaba produciendo. Tenia mucha inflamación.

Lo bueno, según mis padres, era que ya un poco después de las 24 horas en el Hospital Militar empecé a reaccionar favorablemente; podía mover con dificultad mi mano derecha y mi cuerpo con algo de lentitud. 

A los dos días ya yo estaba "normal" - pero estuve 25 días en ese Hospital. Eso llevó a los médicos a buscar nuevas informaciones relacionadas con casos parecidos, pues era muy extraño.

Cerca de ocho o diez días después de haber sido internado, un primo hermano de mi mamá llamado Humberto Nevado, ya fallecido, llevó a un Colega Médico, especializado en Neurocirugía, llamado José Ramón Guzmán.

Fue complicado lograr que el Doctor Guzmán atendiera mi visita, pues como dice mi mamá, era como si se estuviera escondiendo. José Ramón Guzmán era en ese momento uno de los Neurocirujanos más prominentes de Maracaibo, la ciudad donde nací y de donde viene casi toda mi familia.

A atender la visita médica y auscultarme, el Doctor José Ramón Guzmán consideró que el diagnostico correcto era una inflamación en la zona del cerebro producto de una infección.

Cuando el Doctor José Ramón Guzmán dejó la habitación del Hospital, yo le pregunté a mi abuela materna a la que llamábamos Mima "¿Cuando me vas a llevar a la casa de este Doctor?", y mi abuela, que vivía en Maracaibo y debido a mi enfermedad se trasladó hasta Caracas a acompañar y ayudar a mi mamá con mis otros dos hermanos, me respondió que "cuando fuéramos a Maracaibo, visitábamos al Doctor".


En la foto, Pachú y Mima, mis abuelos maternos.

Mi respuesta a mi abuela, teniendo cinco años y varios días internado fue "pero este Doctor no vive en Maracaibo"; mi abuela con cariño me respondió "no mi amor, el Doctor Guzmán vive en Maracaibo" (y de hecho era así).

Yo levanté la almohada de mi cama, y en ella había las estampas con las imágenes de la Virgen de Coromoto, del Doctor José Gregorio Hernández y San Gerardo de Mayela, que es Protector de los niños.

Yo tomé la estampa del Doctor José Gregorio Hernández, y le dije a mi abuela, "Mima, este es el Doctor que estuvo aquí". Mi abuela como es lógico, miró a mi mamá confundida, pero a mi mamá no le extrañó en lo absoluto, pues ella en medio de todo le entregó con Fe y Devoción mi caso al Doctor José Gregorio Hernández. Algo que si le llamó la atención a mi Mamá, es que durante la visita del Doctor José Ramón Guzmán, este mantuvo la posición típica en la que se representa normalmente al Doctor José Gregorio Hernández, parado muy recto con sus manos atrás (descripción hecha por ella).

Al cabo de unos días llegó el resultado de uno de los estudios que afirmaba que había tenido una Meningo-Encefalitis (en criollo, inflamación en la Meninge que es la membrana que envuelve al Encéfalo y a la Médula Espinal). Los médicos del Hospital Militar de Caracas no estaban de acuerdo con el diagnóstico del Doctor José Ramón Guzmán, y decían, a pesar de darme de alta luego de veinticinco días, que por mi patología pronto regresaría (tumor en la base del Hipotálamo).

A todas estas, mi prueba de punción lumbar fue enviada a dos laboratorios externos al Hospital Militar de Caracas; el Laboratorio de Patología del Hospital Universitario de Caracas, que tenía el mejor servicio de esa época en la ciudad, y mi papá llevó una de las muestras a un Laboratorio Privado cercano al Hospital Militar de Caracas. La otra muestra quedó en el mismo Hospital.

El Doctor José Ramón Guzmán dio tres versiones posibles antes de ser recibidos los resultados; o son células tumorales, que indicarían la presencia de un tumor; o son células inflamatorias, lo que indicaría su diagnóstico inicial, o sería el parásito de la Paloma.

Durante mi estancia en el Hospital y por instrucciones médicas, a mi se me solicitaba caminar todos los días, como parte de mi tratamiento. Para ello me dejaban salir de la habitación, con acompañamiento a caminar por los pasillos del Hospital. 

Uno de esos días, mientras caminaba, yo paré de repente y le dije a mi mamá "Mami, Mami, ahí está el doctor de la foto, le pasa la gente por encima, y el no se mueve. Me está mirando y se está sonriendo"; Cosa que mamá no puede probar, pero que yo si puedo recordar vívidamente hoy en día... la imagen de José Gregorio Hernández en el pasillo del Hospital Militar de Caracas, una imagen que me ha acompañado desde aquel momento (y los que me conocen saben que no soy proclive a recordar cosas de mi infancia). 

Mamá sin alarmarse me regresó a la habitación luego de la caminata y el suceso, y yo fui hasta la cama, levanté otra vez la almohada, tomé la estampita del Doctor José Gregorio Hernández y le dije a ella "Él era el que estaba en el pasillo".

Mi mejoría fue rápida, mi evolución clínica muy buena, a pesar de los veinticinco días y salí del hospital sin síntomas, con mi cabeza rapada y dos inmensas cicatrices que me han acompañado desde entonces.

Con algunos de mis primos y tías
en los Andes Venezolanos

Posterior a esto, solo tuve una recaída. Presenté un dolor de cabeza muy fuerte, y por casualidad el Doctor José Ramón Guzmán estaba en Caracas y me fue a ver. Tenía diagnostico una inflamación y me indicó unas medicinas, y eso pasó sin dejar secuelas.

Cuando mi mamá intentó solicitar mi historia médica en el Hospital, para llevarlo ante la Iglesia como prueba de un milagro, en el Hospital no dieron la autorización para la entrega de esta información. A mi familia no le quedó ningún examen o prueba de enfermedad, solo quedé yo, sano y vivo.

Y de esto doy testimonio.

Alexander Alfonzo Acosta Guerra
Barranquilla - Colombia
A más de 45 años de aquel Milagro por Contar
29 de Noviembre de 2020

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